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Tráfico de desechos peligrosos

Claudia N. Mazzeo - Argentina

Los países de la región suelen recibir en sus aduanas numerosas mercaderías que no son más que basura encubierta proveniente del llamado primer mundo. Una de las formas que adoptan esos desechos peligrosos que llegan a nuestras latitudes son los denominados electronic waste o E-Waste.

En esta nota resumimos algunas características de esta problemática en la región.
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Los historiadores explican que antaño, cuando se encontraba un muerto en un pueblo y no se conseguía averiguar quién era el asesino, todos los habitantes debían pagar los gastos del funeral y del entierro. Así surgió la costumbre de llevar los cuerpos de un pueblo a otro, buscado alguien que se hiciera responsable. Esa forma de solución que dio origen a la expresión «cargarle el muerto a otro», cobra vigencia en los tiempos actuales. Aunque los cuerpos a sepultar, adoptan hoy nuevas formas.

En su diseño de la cadena productiva, los países altamente industrializados perdieron de vista un eslabón y hoy se encuentran frente a una pregunta para la cual no tienen respuesta: ¿qué hacer con el residuo en que habrá de transformar mi producto, poco o mucho tiempo después de ser lanzado al mercado?

El constante avance tecnológico y la entrada en vigencia de nuevas normas transforman en desechos numerosos artículos, en un lapso cada vez más corto. Teléfonos celulares, baterías, equipos de uso médico, materiales biomédicos, envases sintéticos, electrodomésticos y neumáticos, son sólo algunos de los productos-residuos cuyo «cuerpo» busca sepultura en algún lugar, si es posible lejos de origen.

Basura de exportación

En agosto de 2003, los diarios anunciaban que nueve millones y medio de computadoras usadas de los Estados Unidos entraban en Guangdong, China. Sólo una mínima parte del total de esos componentes podía ser reciclado. El resto contaminó calles, tierras y cursos de agua, convirtiendo a cuatro pueblos en auténticos basureros de desechos tóxicos.

Para esa misma época la Aduana argentina registraba el ingreso de grandes cantidades de monitores usados de computadoras personales destinados a la venta. Su escasa vida útil fue el primer indicador de una señal que, por suerte, pudo ser decodificada a tiempo por las autoridades: se trataba de un intento encubierto de «disposición final» de basura con nombre y apellido conocidos: residuos peligrosos.

Es sabido que en el mundo existe una corriente internacional de desechos peligrosos, especialmente los electrónicos, que se conoce como electronic waste o E-Waste. Tan solo en los Estados Unidos se estima que para el año en curso serán descartadas 315 millones de computadoras fabricadas desde 1997 en adelante. El peligro potencial que representan para el ambiente y los seres vivos proviene de los millones de kilos de plomo, cadmio, mercurio y material plástico que contienen, los que por lo general terminar en vertederos.

El nuevo desafío

En Buenos Aires, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) acaba de organizar un «Taller regional para la prevención y monitoreo del tráfico ilícito de desechos peligrosos y otros desechos». Dicho taller contó con financiamiento del Fondo Fiduciario del Convenio de Basilea y se realizó dentro del Convenio marco con la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, en el que el INTI actúa como sede del Centro Regional Sudamericano del citado Convenio.

Además de analizar esta problemática en la Argentina, se pasó revista, con la presencia de diferentes expertos, a la situación de Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Venezuela y Uruguay.

De acuerdo con las conclusiones de dicho Taller, la mayor parte de los países nombrados cuenta con una estructura legal (inspirada en el Convenio de Basilea) relativa al tráfico ilícito de desechos. El problema común que aparece en la región es «la necesidad de articular las competencias de aduana con la justicia», explican los especialistas, ya que muchas veces la aduana detiene el tránsito de una mercadería pero no hay sanciones por falta de una figura penal que tipifique el delito.

Otro aspecto clave en el tema es lo que Victoria Rodríguez, integrante de la Dirección Nacional de Gestión Ambiental de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, postula como «el nuevo desafío». Se trata de «poder probar que una determinada mercadería es residuo, ya sea por su escasa calidad, vida útil o condición de uso previo».

Al respecto, según indica el ingeniero Daniel Lupi, director de INTI- Electrónica e Informática «la definición tradicional de la palabra desecho ha estado orientada hacia aquellos productos que dejan de cumplir con su función». «En los productos de alta tecnología como los teléfonos celulares, o las computadoras personales, la evolución es tan rápida que en muchos casos el producto casi nuevo debería ser considerado un residuo», afirma Lupi, y continúa: «Eso lleva a que los países 'avanzados', en conocimiento de que la tecnología va camino de quedar obsoleta, nos vendan mercaderías que en el lugar de origen ya no pueden colocar».

Bajo requisitos especiales de tributación impositiva y ciertas exigencias técnicas, la normativa argentina permite la importación de bienes usados. Eso vuelve demasiado delgada la línea que separa a los bienes usados para consumo, de los residuos propiamente dichos. Deseosos por desembarazarse de sus desechos, empresarios del exterior agudizan el ingenio y reducen los costos de deposición final, armando operaciones comerciales destinadas a la exportación, o lo que es peor aún, disfrazando su intención bajo la aparente bienintencionada forma de donación.

Brasil le puso punto final al asunto en forma drástica: optó por prohibir la importación de bienes de consumo usados. En la Argentina se apuesta en cambio a fortalecer controles, crear laboratorios de referencia que puedan intervenir con rapidez y establecer pautas técnicas más estrictas de control. En tal sentido, en la actualidad, desde el Ministerio de Economía y Producción se analiza la incorporación de una normativa que apunta a reducir aún más el tráfico de desechos peligrosos. El borrador en análisis incluye algunas recomendaciones técnicas propuestas por el mismo INTI.
Que cada uno entierre a sus propios muertos.


«Huy…, no sabía que era residuo peligroso»

La siguiente es una lista de diferentes clases de residuos cuya introducción al territorio argentino ha sido impedida por las autoridades locales, en función de la normativa vigente:
- Materiales plásticos usados y de baja calidad.
- Desperdicios de papel, sin clasificar y con gran contenido de plásticos.
- Neumáticos usados.
- Indumentaria usada, en su mayoría de fibra sintética.
- Pesticidas prohibidos en sus lugares de origen.
- Motocicletas o scooters usados, conteniendo aceites, fluido hidráulico y neumáticos usados.
- Barros cloacales, para uso como fertilizante.
- Materiales de uso médico obsoleto, inservible o vencido.
- Acumuladores usados para recuperación de metales.
- Cenizas procedentes de hornos de combustión, como material de relleno.



Fuente: AFIP, Dirección de Control, Dirección General de Aduanas




Publicada el martes, 28 de junio de 2005

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